Adicción a las compras, ¿mito o realidad?

ADICCION A LAS COMPRASADICCION A LAS COMPRAS

Adicción a las compras, ¿mito o realidad?

EFE/Paz Olivares/Guillaume Horcajuelo. Llegan las rebajas y los centros comerciales se llenan de gente “loca” por hacerse con lo último. ¿Qué idea tenemos de las compras compulsivas?, ¿son un tópico?, ¿por qué le vemos tanto atractivo a este hábito? Un psicólogo cuenta los entresijos y responde a todos los interrogantes.

De escaparate en escaparate y sin rumbo fijo. José Antonio Tamayo, psicólogo del Centro Activa Psicología (Madrid), nos saca de las tiendas para explicarnos por qué puede llegar el consumismo a ser una verdadera adicción y por qué lo utilizamos como método de evasión.

Los trastornos adictivos abarcan un amplio espectro de problemas relacionados con sustancias tóxicas, pero además también existen las llamadas “adicciones sociales”, que son las que se producen por conductas y comportamientos de los que las sufren. “Cualquier actividad que sea muy gratificante para el que la haga, puede convertirse en adictiva, aunque siempre dependerá del modo en el que se lleve a cabo, así como de la presencia de algunos factores de riesgo”, afirma el experto.

Las compras “consumistas” no son una excepción a todo esto y pueden llegar a constituir un problema clínico de falta de control del impulso, además de ocasionar perjuicios en otros áreas de la vida de la persona.

La razón de ser de este potencial adictivo reside en el efecto que produce comprar en el estado emocional del ser humano. “Un adicto a las compras tiene el deseo intenso de hacerse con un artículo sin ser necesario, es decir, el llamado “capricho” y, en la mayoría de las veces, supera las posibilidades económicas. Esta actividad no se planifica, ya que se decide sobre la marcha y tiene carácter impulsivo”, explica Tamayo.

Cuando se compra el objeto, se experimenta una gran excitación emocional. De hecho, cuanto mayor sea el tiempo de espera hasta que la persona se hace con el producto, más aumenta la intensidad del deseo.

Asimismo, hay otras circunstancias, como los conflictos familiares o laborales o la simple monotonía, que pueden contribuir a reforzar el comportamiento consumista y a aliviar los estados desagradables como la ansiedad y la tristeza.

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