Redes sociales, útiles pero también una fuente constante de enredos

redes-socialesRedes sociales, útiles pero también una fuente constante de enredos. Consejos para relacionarse en ellas de forma inteligente.

Infelicidad digital. En este artículo de Francesc Miralles, publicado ayer en elpais.com / Psicología podemos ver los principales riesgos de las relaciones en las redes sociales que gestionamos a través de nuestro ordenador o teléfono inteligente.

Una de las sorpresas que se llevaron los primeros fabricantes de móviles fue descubrir que los usuarios los acabarían usando más para mandarse mensajes de texto que para llamar por teléfono.

No estaba previsto que un dispositivo pensado para hablar acabara convertido en una especie de telégrafo, aunque se mantuvo cierto equilibrio entre voz y mensajes mientras estos –los casi vintage SMS– eran de pago. Ante la perspectiva de desembolsar 20 céntimos para mandar un texto, el usuario reservaba ese servicio para comunicaciones importantes, apurando al máximo los ­caracteres.

Con la irrupción de WhatsApp, Messenger y similares en los dispositivos con tarifa plana, la gratuidad ha propiciado una bacanal de mensajes de todo tipo que llegan a nuestro bolsillo a cualquier hora del día o de la noche.

Más allá del estrés que provocan los grupos de conversación o las constantes interrupciones durante el trabajo, la urgencia –a menudo se nos exige respuesta inmediata– y el exceso de estas comunicaciones presentan los siguientes riesgos:

Exposición a la curiosidad ajena. En cualquier momento puede aparecer un mensaje íntimo en la pantalla de nuestro smart­phone, que si está sobre una mesa atraerá la mirada de nuestro jefe, pareja o amigos.

Dispersión en actos sociales. Aunque muchas personas ocultan su enfado, la continua “desconexión” del interlocutor para atender lo que pasa en su teléfono genera irritación, además de una interacción de baja calidad.

Horas inusuales de conexión. Estos programas permiten que otros sepan los momentos en los que tienen lugar las comunicaciones, lo cual genera desconfianza en las parejas y no pocas trifulcas.

Sobre esto último, un estudio publicado en CyberPsychology and Behaviour Journal calculó que la aplicación WhatsApp ha ocasionado ya 28 millones de rupturas entre usuarios, sobre todo por discusiones que tienen que ver con la última conexión de la pareja, o por la sospechosa falta de respuesta tras un “doble check”, la señal que avisa de que el mensaje ha llegado a su destinatario y que muchos interpretan erróneamente que significa que el mensaje ha sido leído.

Según el estudio antes mencionado, el 95% de los usuarios de Facebook han buscado alguna vez a su ex, lo cual favorece los reencuentros e infidelidades. Incluso cuando estas últimas no se producen, nuestra actividad en la red social con otras personas puede provocar celos y discusiones en la pareja.

Esta plataforma digital con 2.700 millones de miembros –casi el 40% de la población mundial– ha propiciado situaciones tan chocantes como un bígamo norteamericano que fue descubierto por su esposa al encontrar en Facebook fotos de su nueva boda, o la sorpresa de una mujer de Misuri que tras colgar un retrato de familia como postal de Navidad, descubrió que en la República Checa era utilizada para la publicidad de una tienda.

Fuera de estas anécdotas, muchos usuarios de Facebook no son conscientes de hasta qué punto se están definiendo a través de las redes sociales. Una práctica habitual en algunos procesos de selección de personal es investigar el muro del candidato. El tono de los posts refleja el carácter íntimo de la persona, y las fotografías dan testimonio de los ambientes por los que se mueve.

Lo que consideramos un entretenimiento y un punto de encuentro con amigos, mal utilizado puede convertirse en una amenaza para nuestra imagen y en una fuente de conflictos personales.

Veamos algunas medidas de higiene para que el uso de las redes sociales no perjudique nuestra vida privada:

Limitar el tiempo de conexión. Alguien permanentemente pegado al smartphone o al ordenador se vuelve odioso para su pareja y levanta suspicacias en el puesto de trabajo. Establecer un horario de conexiones que no sea invasivo con la vida no virtual sería el primer paso para un uso razonable de los dispositivos tecnológicos que nos rodean y que tan útiles pueden ser si son inteligentemente gestionados.

Vigilar el acceso a nuestra intimidad en las redes sociales. Puede parecer divertido tener mil amigos en Facebook o Twitter, pero si damos información privada, debemos tener en cuenta todas las personas que van a tener acceso a ella y controlar el nivel de la misma.

Evitar la dispersión. Es preferible dedicar una hora al día, de forma continuada, a actualizar nuestras redes sociales que el continuo “entrar y salir” que nos agota mentalmente y no nos deja concentrarnos en lo que estamos haciendo…

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